domingo, 26 de abril de 2015

Sendero a las playas de Chorrillos en los siglos XIX y XX



Escribir sobre un lugar que nunca conocí, es una experiencia singular, pero no imposible, por ello decidí escribir sobre un lugar que nunca conocí, pero que las fotografías me ayudaron a relatar.



Recuerdo haber ido al distrito de Chorrillos, siendo adolescente, varias compañeras del colegio residían en él, en especial, alrededor de la plaza central y por la avenida Huaylas, al cual solía ir mediante el tranvía.



En las visitas, ellas, y sus madres y abuelas, solían relatar distintas historias sobre el balneario, evocando lo hermoso que eran las playas, que ellas acostumbraban utilizar un antiguo funicular, caminar por un pausado sendero, o por un adornado sendero de escaleras, para llegar a las glorietas sobre el mar, pero sobre todo del bello y romántico malecón.



Desde el malecón de Chorrillos existen varios senderos que conducen a las playas del balneario, acondicionados con la misma estructura de las edificaciones de la zona.



El nombre inicial del balneario, fue “San Pedro de los Chorrillos”, debido a que, durante muchos años, desde todos los acantilados de la Costa Verde, era común que emanaran chorrillos de agua desde la ladera.




Probablemente la ubicación de los chorrillos eran más comunes hacia la zona de la actual playa Agua Dulce.



Esa bajada hacia el mar que conducía a las instalaciones del club Regatas, posiblemente haya estado ubicada, a la altura de la actual avenida Mariscal Castilla.




Las siguientes fotografías, al parecer, corresponden a la misma zona, pero después del año 1881.



En las fotografías aparecen otros dos senderos que conducían al mar, uno de ellos quizá a la altura de la actual avenida Huaylas que conduce a la actual playa Agua Dulce, y otro sendero por la quebrada Tenderini.



Revisando las edificaciones, el mobiliario y las vestimentas de los ciudadanos, he tratado de agrupar las fotografías por sector.



Notando que en toda la zona del descenso está habilitado con farolas, bancas, muros de baranda y pequeñas estaciones para protegerse del sol.



Este sendero que conducía al mar, también fue fabricado enteramente en madera, con las barandas eran en forma de aspa, sin los adornos ni diseños que adornaban el malecón.



El camino fue habilitado pensando en que sea totalmente liso, para que puedan acceder las personas de toda edad.



Esta vista panorámica del sendero hacia las playas, pareciera ser de finales del siglo XIX.



En esta fotografía, se observa este sendero muestra pequeñas casetas de un nivel, con techo a dos aguas, sobre la explanada del acantilado, siempre con barandas de protección.



Aparecer, este sendero se ubicada muy cerca de las faldas del Morro Solar



A varios metros entre sí, prácticamente al otro extremo del malecón, existía otra bajada hacia la playa, fabricado con características distintas a la primera bajada.



Luego de varios senderos de escaleras zigzagueantes, se llega a una edificación de dos pisos, con ventanas y un extenso balcón, con las puertas decoradas y con forma de arco en la parte superior.



Luego de un pequeño camino, al otro extremo se encuentra con una hermosa glorieta, con muchas flores y plantas alrededor.



Al otro extremo se había construido otra edificación, y entre ambas casas, muchas áreas verdes, y una pequeña pileta que adorna el jardín, en medio del cual hay un sendero de laja que conduce a un puente sobre el mar.



Dicho puente se encontraba apuntalado sobre pilotes, teniendo como límite una pequeña zona techada.



Parte de ese sendero de escaleras permanece a pesar de los años.



Los recuerdos así como de lo que observo en las fotografías, me hace pensar que el lugar era majestuoso, paisajes que son difíciles de encontrar en esta época en cualquier parte de nuestra patria.



Fotografías obtenidas de archivos propios y del internet.
Algunas fotografías han sido retocadas.


Mi siguiente artículo tratará sobre las playas de Chorrillos



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sábado, 18 de abril de 2015

Aprendiendo a jugar Ajedrez

Tendría 8 años cuando mi papá me enseñó a jugar Ajedrez, de manera muy calmada explicaba cada movimiento, yo veía que él jugaba con mi hermano mayor durante largas partidas y creo que le dejaba ganar, pues al finalizar mi hermano se ponía muy contento, hasta que un día le dije: “papi enséñame”.

Ahí descubrí la estrategia de la competencia, le preguntaba por cada jugada (para mi tonta) que él hacía, le pedía: “no me dejes ganar”, actúa de igual a igual, en cada derrota aprenderé a mejorar.

Él me decía que yo tenía estrategias opuestas, a veces atacaba y otras era muy pasiva, pero en todas demoraba en decidir, por tiempo hubiera perdido todas las jugadas. Creo que nunca le gané.

Transcurrieron los años, y mi alegró ver a mi anciano padre enseñándole jugar ajedrez a mis dos sobrinos, tampoco les dejaba ganar, el tema era competir.

Aun hora tengo mi pequeño juego de ajedrez imantado, y a veces cuando estoy sola y deseo compañía, juego conmigo misma, es una experiencia única.


Practicar el juego del Ajedrez me ha permitido pensar un poco más rápido, utilizar la mano izquierda, ser calmada, mejorar mi razonamiento, buscar distintas alternativas en un mismo escenario ayudándome a planificar, a concentrarme, mejorar mi creatividad porque puedo pensar por largo rato sin preocuparme en que no llego a una conclusión, mejorar mi memoria, ayudar a solucionar mis problemas y a veces los de los demás, y me brinda prácticas de concentración, 

Además mejoró mi nivel de razonamiento, a ser más lógica y a utilizar en todo momento a las ciencias matemáticas, pero sobre todo a tener mucha paciencia, la misma paciencia que tiene mi adversario cuando me demoro en mover una pieza.



















Fotografías obtenidas de la web.



domingo, 12 de abril de 2015

Una extraña ciclovia en La Molina

 

Con el deseo de conocer las ciclovías de Lima, hace un par de días me dirigí hacia la ciclovía del distrito de la Molina, construida en la Av. Raúl Ferrero y que dobla a la izquierda hacia la Av. Manuel Prado Ugarteche, la cual culmina en el momento menos pensado.

Me encontré con una estrecha vía pintada de color verde, por donde caminan los peatones, corren los deportistas, transitan las mototaxis y carretillas, y uno que otro ciclista.

Algunos carteles que la señalizan, varios parantes de ciclistas y corredores en la ruta, pero a ningún lado se veía la existencia de una vereda, ni pasos peatonales, y por supuesto ninguna rampa peatonal. ¡Con razón todo el mundo transita por la ciclovía!

Aplaudo la labor de aquel que habilitó un área para practicar el deporte de la bicicleta, pero ¿no era indispensable primero construir una vereda?.

















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