
Uno de mis principales
ejemplos del uso de aretes, es mi madre. Desde siempre la vi colocarse un par en
sus orejas. Con diseños pequeños, nunca mayor de su lóbulo, normalmente de
broche, pocas veces le vi utilizar aquellos que lo atraviesan.
El material predominante de
oro o plata, aunque también usa joyería fina, de distintos colores, normalmente
con perlas o piedras de hermosos colores.
Además
del que usa mi madre, he notado distintos diseños, algunos un poco recargados o
muy elaborados, con muchas piedras y metal, otros colgantes de variados
colores, con mostacillas, dijes, cristales, piedras, semillas, cadenas de plata 925 y de alambre, aunque
todos dicen que el rostro se luce mejor con un par de sencillos aretes.
El
arete y la personalidad
Las que usan aretes pequeños,
pegados al lóbulo de la oreja, me parece que son personas muy conservadoras,
aquellas que desean pasar desapercibidas y que lo importante en ellas es mostrar su
rostro.
He observado que, a pesar de estar de moda, los hombres se colocan aretes muy pequeños, normalmente de brillantes y pegados al lóbulo.
Aquellas que utilizan aretes
con algunas piedras, de diferente valor, pero de múltiples largos, quizá deseen
llamar la atención, por el movimiento mientras habla o camina, sin embargo,
esos aretes tienen un valor adicional, por la labor de orfebrería y las características necesarias para acomodarse a la fisonomía de la persona.
El tercer caso son los
aretes de argolla, aquellos de menos de 5 centímetros de diámetro son en su
mayoría piezas en metales preciosos o con algún tipo de tallado.
Pero aquellas damas que usan exagerados aretes de argolla, cuyo diámetro supera los 5 centímetros, me llevó
a pensar y obtener una conclusión.
Sin ánimo de ofender, he
descubierto que el tamaño del diámetro tiene mucho que ver con su
disponibilidad, mientras mayor el diámetro, más “disponible”.
Si el arete es de brillantes
(como el que usa la actriz Sharon Stone), el valor de esa compañía,
posiblemente será similar al valor de los aretes.




