lunes, 30 de julio de 2007

Cuando se acaban las lágrimas




Decidí estudiar la Maestría en ESAN a los 32 años, mis actividades laborales y profesionales no me permitieron estudiar antes un post grado de ese nivel. Yo ya había cursado varios cursos de un par de meses en la otrora Escuela, todos con muy buenos resultados, casi siempre obtenía las mejores notas, sin embargo, estudiar durante un año a tiempo completo era diferente.

Fue así que decidí postular ante la convocatoria a finales de los años 80, para empezar a estudiar al año siguiente.

Lo que encontré en las aulas fue muchos “números uno”,  jóvenes estudiantes, recién egresados de las universidades, con un promedio de edades de 24 años, mientras que yo, egresada hacía una década y mayor de 30. El primer ciclo fue todo un reto para mí, a pesar de ser una persona con mucho vocabulario, entusiasta de la lectura y conversación, por alguna razón mi participación en clase fue casi nula.

Las voces de mis jóvenes compañeros eran siempre la que predominaba en el salón, yo estaba segura que tenía mejores argumentos para fundamentar tal o cual hecho, mi experiencia laboral de más de  15 años en el sector público y privado lo sustentarían, pero siempre permanecía callada.


Al culminar cada clase, yo pensaba ¿Qué me sucede? ¿Por qué me mantengo en silencio?, y lo único que brotaban de mi rostro eran lágrimas.


Mi desolación motivó que solicitara una cita con el profesor David Ritchie, junto a él se encontraba el profesor Enrique Cárdenas, les comenté mi tremenda angustia de no saber ¿cómo actuar ante tanta presión? Ambos, con una ternura y amabilidad que aún recuerdo con cariño, me orientaron con mucha paciencia, durante casi dos horas me alentaron a continuar con tesón y sobre todo, que en lo posible, dejara de llorar.

Estas líneas son de agradecimiento a ambos profesores, sin sus consejos no sé si hubiera podido continuar, desde ese momento modifiqué mi comportamiento, todo el tiempo participaba en clase, discutiendo con los compañeros o fundamentando mi posición al profesor, y el resultado fue positivo para mí, lo cual se vio reflejado en mis notas.

Debo anotar que cuando fui a visitar al profesor Ritchie, de mis ojos ya no brotaban lágrimas, parecía que se habían acabado, es por ello que a base de ese recuerdo entre clases de la Maestría, escribí este hermoso poema que habla de cuando se acaban las lágrimas, sólo queda suspirar.






sábado, 14 de julio de 2007

"Amando" poema de Fátima Rodríguez



“Amando”, relata el momento en que dos miradas se cruzan, y mientras una de ellas se alegra ante la sorpresa, la otra, se apesadumbra, por las circunstancias.





sábado, 7 de julio de 2007

Puente Villena año 1966





Durante siglos, las laderas de las quebradas (hoy nombradas malecón Cisneros y Reserva), no tuvieron conexión entre sí.






Para transitar de un lado al otro se debía descender la cuesta, de aproximadamente 65 metros y volverla a subir.



El nativo miraflorino también habilitó senderos en determinados puntos de la quebrada, para poder cruzarlo; aún se observan pequeñas señales de haber existido. 




Otra alternativa era caminar hasta la altura de la intersección del malecón Balta y la calle José Gálvez.




A mediados de la década de 1960, el distrito de Miraflores, tuvo un gran auge comercial y residencial, por lo cual cruzar aquellas laderas, ya se había convertido en un problema, por ello se ideó construir un puente que los uniera.




   
En el año 1966, empezó la construcción del puente Villena de Miraflores, sobre la Bajada Balta, aquella antigua y profunda quebrada por donde alguna vez corrió una importante cantidad de agua del río, había quedado relegada a un simple camino hacia la playa.


          



De aproximadamente 112 metros de largo, a 65 metros sobre el nivel del mar, está construido de concreto, con una vereda de 2.00 metros en ambos lados, una ciclovía de 1.80 metros, y dos carriles de doble sentido para el tránsito vehicular de 6.20 metros, que unen al Malecón Cisneros con Malecón de la Reserva, por el cual también circulan algunas líneas de transporte público.

        


Un año después del inicio de su construcción, en el año 1967, el puente fue inaugurado, bautizándolo con el nombre de Eduardo Villena, quien fuera alcalde del distrito de Miraflores durante varios años de la década de 1930.
            


Adicionalmente, el puente permitió ampliar la hermosa vista al mar.


  Por el paso del tiempo, el puente Villena tuvo que ser varias veces remodelado, mejorado y reforzado.


       

En el año 2005, debido a problemas de seguridad, por el continuo uso de dicho puente para cometer suicidios, así como algunas prácticas deportivas que también ocasionaron desgracias que lamentar, el puente fue cercado con plantas acrílicas de gran altura, que recortaron la belleza del panorama.



    
Pero la belleza, la carga histórica y los recuerdos que rememora este puente serán difíciles de reemplazar.





Fotografías Derechos Reservados


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