sábado, 11 de noviembre de 2017

Calle Ermita en el distrito de Barranco



La calle Ermita, durante varios siglos, era un sendero que conducía a un sector de la Bajada de los Baños.



Sendero que se iniciaba a unos metros del antiguo Camino Real (actual avenida Grau), y que continuaba hacia el horizonte.



Al haber sido una antigua ruta del río, se bifurcaba en varios senderos, uno hacia la calle Sucre, la misma calle Ermita, y la Bajada de los Baños (estoy colocando los nombres actuales).



Hacia finales del siglo XVIII, sus primeros metros, fueron un sendero de obligado paso de algunos ciudadanos, que habían instalado sus viviendas en la zona, principalmente, por estar cerca al mercado.



Hacia mediados del siglo XIX, la calle Ermita ya estaba construida, con elegantes mansiones de uno y dos pisos, en las que empezaron a residir familiar de muy buen nivel económico.



La pendiente por la calle Sucre, ya había sido clausurada, y ese era el camino obligatorio, para aquellos que requerían ir hacia la playa, aunque aún habían ciudadanos que optaban recorrer el antiguo sendero, y debía girar a la izquierda, para llegar hacia el sendero llamado Bajada de los Baños.



Para finales del siglo XIX, toda esa zona ya estaba urbanizada, desde el mercado, ubicado en lo que ahora está el puente de cemento, edificando viviendas que llegaban hasta la altura de la actual calle Sucre.



La calle Ermita, no era una cuadra recta, tenía una marcada curva a unos metros del mercado, y para llegar a la recién inaugurada nueva capilla, era preciso subir una pendiente, con similares grados de inclinación que el actual sendero.



Hacia principios del siglo XX, al modificar la puerta de ingreso de la capilla, hacia la explanada, la zona que daba al acantilado de la calle Ermita quedó despoblada.



Es de anotar, que en el sendero de la Bajada de los Baños, existían varias viviendas, de construcción precaria, que se habían instalado en el acantilado de dicha quebrada.



Ha principios de la década de 1920, y debido a la instalación de los Baños de Barrranco, algunos ciudadanos fueron tomando posesión de los terrenos del acantilado, ubicados a continuación de la iglesia Ermita.



La mayoría, pescadores y artesanos, que construyeron de manera muy precaria sus viviendas, las cuales no tenían servicios de agua ni desagüe, ni energía eléctrica.



Es después de mediados del siglo XX, en que a esas viviendas se les acondicionó con un sistema básico de agua y desagüe, y energía eléctrica, pero todo el sendero e inclusive las viviendas, tenían un piso afirmado y/o empedrado.



Con el transcurrir de los años, el pasaje se convirtió en un lugar turístico.



Las pequeñas casitas que en algún tiempo eran de los pescadores, se convirtieron en lugares donde se expenden alimentos preparados.



Cada una con un detalle distinto, que las hace atractivas al caminante.


Lo delicado, es que a algunos predios se les ha habilitado un segundo piso, y sus estructuras no están preparadas para tal.


Aunque igual puede disfrutar del hermoso paisaje y culminar visitando el parque del Mirador, ubicado al final de aquel antiguo sendero de piedra.





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jueves, 2 de noviembre de 2017

Malecón 28 de Julio de Miraflores



Malecón 28 de Julio del distrito de Miraflores.

Fotografía Derechos Reservados

A principios del siglo XX, casi todo el malecón Balta estaba urbanizado, mientras que el Malecón 28 de Julio, sólo se había lotizado, hasta la actual avenida Benavides, con proyección a la actual calle San Martín.

Fotografía Derechos Reservados

Alrededor de la década de 1870, algunos ciudadanos miraflorinos, habían construido una cancha de tenis, en la calle La Esperanza, la cual fue trasladada, aparentemente a principios del siglo XX, a la ladera del acantilado del malecón 28 de Julio.

Fotografía Derechos Reservados

Hasta principios del siglo XX, casi toda esa zona, eran áreas con mucha vegetación y árboles, debido a que fue una zona de residencia de los antiguos nativos miraflorinos.

Fotografía Derechos Reservados

Las cuales usaban distintos senderos para acceder al mar.

Fotografía Derechos Reservados

En el extremo del acantilado del dicho malecón, se construyó un hermoso parque llamado Terrazas

Fotografía Derechos Reservados

En el año 1918, se decide llamar a la cancha de tenis, Club Tenis Las Terrazas Miraflores, alquilando para tal fin,  2550 m2, de propiedad de la Municipalidad de Miraflores.

Fotografía Derechos Reservados

Dicho local fue instalado a varios metros por debajo de los límites del malecón.

Fotografía Derechos Reservados

 Permaneciendo las áreas verdes en las laderas.

Fotografía Derechos Reservados

Tanto para construir las canchas de tenis, como para el parque, fue necesario mucho trabajo para aplanar esa zona, habilitando terrazas, en medio del canto rodado, por ser una pendiente muy inclinada.

Fotografía Derechos Reservados

La zona del malecón, también fue ruta del ómnibus urbano, que transitaba de sur a norte desde la calle José Gálvez, girando a la derecha, hacia la primera cuadra del malecón Balta, continuar por el malecón 28 de Julio, para girar a la izquierda hacia la avenida 28 de Julio.

Fotografía Derechos Reservados

A principios de la década de 1940, todo el malecón ya estaba urbanizado, con viviendas de una y dos pisos, siempre con jardines exteriores e interiores, cada cuadra tenía sólo entre tres y cinco predios.

Fotografía Derechos Reservados

Al observar las fotografías de aquella época, es notoria la presencia de hermosos y frondosos árboles, que por su tamaño pareciera tener más de 50 años de antigüedad, los cuales desaparecieron hacia la década de 1970.

Fotografía Derechos Reservados

Estas fotografías, también demuestran, que tiempo después de la década de 1950, se mantuvo el parque Terrazas, el ubicado al final del acantilado del malecón 28 de Julio.

Fotografía Derechos Reservados

A principios de la década de 1960, aún eran visibles la mayoría de residencias edificadas en dicho malecón, y las laderas, aún no habían sido invadidas por el club.

Fotografía Derechos Reservados

Esta fotografía de finales de la década de 1960, demuestra, que ya no existen árboles ni muchas áreas verdes a lo largo de los malecones 28 de Julio ni Balta.
Fotografía Derechos Reservados
  
A la fecha, el inicio del Malecón 28 de Julio, aún se observan algunos árboles, pero la mayoría son de propiedad privada.


Todas las hermosas residencias ahora son edificios, que forman una pared de cemento, con pocas áreas verdes.


Existiendo zonas, a lo largo de dicho malecón, donde no hay ni un sólo árbol.


Sólo muchos postes y una fría vereda.


Las fotografías son importantes recuerdos de la belleza de las ciudades, ellas no permiten viajar en el tiempo y a su vez relatan la historia de los lugares que son inmortalizados, como el Malecón 28 de Julio.

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miércoles, 25 de octubre de 2017

Festivales de Poesía





Eventos para promocionar la poesía

  • Desde hace algunos años, se desarrollan en distintas ciudades del país, diferentes Festivales de Poesía.
  • Uno de los más promocionados, en el día de la inauguración se acostumbra invitar a cantantes populares y/o a famosos grupos de rock, con ingreso gratuito.
  • Días después los organizadores aseguraron que tres mil personas asistieron en el día de la inauguración para escuchar poesía, cuando en realidad fueron a bailar, esa fue la razón que colmaran las graderías del local.
  • Parece que lo más importante fue decir que fue un éxito de concurrencia, así sea mentira, puesto que los que en verdad deseaban escuchar poesía, no pudieron ingresar, porque eran largas las filas de los que estaban esperando escuchar música y ver a sus artistas de rock favoritos . . . gratis.
  • Muchos de los poetas invitados, a este tipo de actividades, pareciera que asisten porque existiera un canje entre las embajadas y centros culturales donde laboran, porque casi siempre son los mismos anfitriones que luego invitan a los anfitriones nacionales, para eventos similares.
  • Lo lamentable fue que se dejó de lado a importantes poetas peruanos, que son aplaudidos desde hace muchas décadas en todos los escenarios, prefiriendo convocar (y afrontar los gastos) de decenas de poetas extranjeros, viendo que la mayoría se esconde entre sus hojas, para leer.
  • Sería bueno que en la inauguración del próximo evento se invite a vates que reciten sus propios versos, programando 15 minutos de poesía para cada poeta, para que reciba el aplauso cariñoso del público ávido de escuchar poesía.






Concursos Poéticos


  • Hace un tiempo escribí el artículo “Amañados concursos de Arte”, debido a que descubrí que la mayoría de ellos, ya tiene ganadores.
  • Llegue a esa conclusión por una actitud constante, que se aprecia en cada una de las premiaciones de los concursos de Arte.
  • En varias oportunidades, durante la premiación de varios concursos de poesía, organizado por diversas entidades educativas, uno u otro de los jurados (siempre supuestos consagrados escritores y poetas), hacen el ademán de quedar sorprendidos, cuando “descubren” que el ganador, confesando al público, que aquel ha sido su alumno de sus clases de poesía.
  • En medio de la celebración, cada jurado, y con distintas palabras, realizan un comentario similar a “la inmensa satisfacción que sienten al conocer que el ganador, había obtenido el premio gracias a sus enseñanzas”.
  • No creo que esos jurados hayan obtenido una parte del premio, la mayoría de veces una importante cantidad de dinero en efectivo y la publicación del poemario, creo que su satisfacción personal es creer que es un excelente profesor y que será más cotizado como docente y nuevamente jurado.
  • Casi siempre el segundo premio tuvo como profesor a otro jurado.
  • Los ganadores de esos concursos, en el momento de la presentación se limitan a leer sus escritos de manera aburrida, sin vocalizar, ni saber transmitir lo que escribió
  • Una pregunta que invadió mi mente, es que probablemente al momento de revisar los poemarios, encontró parte de sus enseñanzas entre las líneas, quizá porque al leerlos, le resultó parecido a lo que él mismo escribe, o que alguien le informó que el ganador debería ser aquel cuyo seudónimo era el que había sido su alumno.
  • Otra idea, es que jurado comercializa, de forma no monetaria, su opinión o decisión, porque el ganador del concurso, relatará quien fue su maestro, quien también tendrá cobertura en prensa.
  • Y aún así, entre ellos se apañan, se alaban y se premian.





Como era constante, comprobar que justo el ganador del premio en los concursos literarios y el jurado/profesor, se hubieran conocido, decidí inventar distintos métodos para comprobar si mis escritos eran leídos por los miembros del jurado.

Aquellos métodos podrían ser verificados, sólo si el material físico era devuelto, lo curioso es que la mayoría de organizadores no lo devuelve.

Mediante algunas estrategias, llegué a la conclusión que pocos jurados leen el material del concursante, a pesar que las instituciones de prestigio les pagan para que lo hagan.



Trataré de explicar una de ellas:

• Coloca un pequeño papel autoadhesivo, de cualquier color y sin ninguna marca en algún lugar de tus escritos
• Ese papel autoadhesivo, debe cubrir al menos dos líneas de uno de sus escritos.
• Tomas una fotografía para que se vea perfectamente el número de la página y la posición del papel autoadhesivo. Si deseas imprimes la fotografía.
• Quien desee leer esas líneas, necesariamente deberá retirar el papel autoadhesivo, y es imposible que pueda colocarlo en el mismo lugar
• Puedes colocar otro papel autoadhesivo en otra hoja y posición, pero siempre en blanco sin ninguna escritura, como si te hubieras olvidado de sacarlo.
• Identifica cada una de tus ejemplares para encontrar fácilmente en cual página colocaste el post it, por ejemplo ejemplar número 1 tiene un papel autoadhesivo en la página 6.
• Cuando recibes de vuelta tus trabajos, revisas si el post it se encuentra donde lo colocaste, si está en el mismo lugar significa que nunca leyeron al menos esa hoja.


Como escribí, esa es una de varias, cuando me retornaron las cinco copias de diversos concursos, descubrí que no habían leído ninguna.

A muchas personas les he enseñado uno de esos métodos, por ello creo que el artículo publicado tiene mucho de verdad.





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martes, 10 de octubre de 2017

La Ermita de Barranco


La historia de la Ermita de Barranco ha sido escrita muchas veces, y casi siempre relatando algo poco creíble.
Mi historia analiza información de distintas fuentes, sobre el balneario de Barranco, desde el siglo XVIII, cuando sólo existían algunas casas huerta, que cuidaba los Pacayares de la zona.



La zona de la actual calle Sucre, era frecuentada por los nativos barranquinos y surcanos, por ser un sendero seguro y rápido, siendo la mejor ruta para llegar al mar, para obtener agua dulce y los recursos marinos.
Empezaba en lo que hoy es la avenida Grau, y su grado de inclinación era mínimo. 


Ante la afluencia de ciudadanos, los miembros de una congregación religiosa, decidieron que era el mejor lugar para instalar una parroquia, inventando el mito de la aparición de un cruz en los terrenos del Pacayar de don Cesareo Agustín la Torre, cerca a la calle Domeyer.


Es difícil creer que en el siglo XIX, algún nativo tuviera credibilidad, al extremo que esos religiosos colocaran una cruz, por ese simple testimonio. Por ello estoy segura que esa aparición es falsa.



Ese sendero, había sido aplanado durante siglos, gracias al continuo paso de los pobladores de la zona, siendo el sentido inverso, el actual recorrido por las calles Domeyer, Unión, Salaverry y Roosevelt. 


Sendero que fue destrozado hacia mediados del siglo XIX, por los miembros de dicho grupo religioso, que decidieron edificar una pequeña capilla, aplanando la antigua bajada y colocando una cruz. 


Quizá fue una artimaña, para que todos los pobladores, dejen una limosna como agradecimiento, de lo que obtendrían del acantilado: el agua dulce y los peces.



Hacia la década de 1870; como les era rentable la capilla, y habiendo habilitado una nueva ruta por la actual Bajada de los Baños, y al borde del acantilado del cerro, al haber aplanado y destruido el antiguo sendero; los curas, decidieron ampliar sus instalaciones, para realizar la ceremonia, hospedarse y tener más adeptos.


Vista desde el Malecón Castilla

Fue el padre Gaspar Abregú, el encargado de aquella nivelación, construyendo habitaciones para viviendas, y un salón para sus servicios.



El 14 de Enero de 1881, por causas poco explicadas,  se produjo el incendio de aquella capilla así como del Puente de los Suspiros, atribuido a ciudadanos extranjeros.


Una historia poco creíble, debido a que los ejércitos chilenos se encontraban alojados a unos metros, en la Mansión Renacentista,  lo cual no tiene sentido, porque en esa época, no era sencillo apagar el fuego; por ello mi teoría es que los incendiarios fueron otros.


Años después de culminada la Guerra del Pacífico, don Gaspar Abregú se encargó de la reconstrucción, con el aporte monetario que el General chileno Lynch (quien estuvo a cargo de las tropas afincadas en el distrito de Barranco), recolectó de los ciudadanos chilenos, y que envió a Barranco, además de los aportes de algunos vecinos.



A principios del siglo XX, se estrenó un nueva capilla, modificando la ubicación de la puerta desde la calle Ermita, hacia el actual patio, en la misma dirección del Puente de los Suspiros.



Construida de quincha, la bóveda principal era en forma de cruz, como casi todas las iglesias, con un par de torres, que fueron modificadas debido al terremoto del año 1940.



Fue declara Monumento en dos oportunidades; la primera en 1955 y la segunda en 1972.


Desde hace unos años, se clausuró el acceso a la Ermita, por problemas en las instalaciones, las cuales se encuentran en muy mal estado.



En la ladera, cerca al acantilado, se han edificado una serie de viviendas rusticas de adobe.


Aunque no se pueda tener ingresar a la Ermita, aún se puede disfrutar del hermoso paisaje


las cuales parecen detenidas en el tiempo, por más de cien años.


A continuación fotografías antiguas de la Ermita de Barranco
Imágenes Derechos Reservados










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