miércoles, 21 de febrero de 2018

Duendes en Barranco 4ta parte



Estas historias ocurrieron en un par de residencias ubicadas en la Alameda Sáenz Peña y otra en la calle San Antonio.  Esas viviendas, construida a principios del siglo XX, tiene diversos extraños relatos, porque pocas veces pude tener la información desde la primera fuente. Pero en esta oportunidad, me lo relataron los protagonistas de los hechos.

Ojos movedizos entre las plantas

Estos sucesos ocurrieron en la década de 1980, voy a describir la casa, tal y como se encontraba en ese momento, esta ha sido notoriamente modificada, y nadie que no hubiera ingresado antes, la podría reconocer.

La casa tiene una puerta principal, y a los lados tiene unas habitaciones, luego de varios metros, se ingresa a la casa mediante una puerta principal, que en aquella época no era utilizada, sino a lateral del lado derecho.

Hacia el lado izquierdo se encontraba el salón de ingreso, para continuar con la sala, el comedor, para culminar con un extenso patio, una de la parte estaba techada, y en el fondo habían muchas áreas verdes y flores.

El relator acostumbraba sentarse en la zona techada, admirando las plantas del jardín, pero a su vez protegiéndose del frío o del sol, si fuera durante la mañana.

Ese día estaba compartiendo con la dueña de la casa, acababan de terminar de cenar, y ambos decidieron continuar la velada en el patio, mientras el relator esperaba sentado en el sillón, mirando hacia las plantas, creyó ver un par de ojos que lo miraban desde la zona del jardín.

En la casa había un gato, y era poco probable que esos fueran ratones, porque era experto cazador, sin embargo, aquellos ojos no parecían de ratones.

El relator había notado que durante las noches, el gato no se acercaba a las plantas, mientras que durante el día le era indiferente el lugar donde estuviere.

Aquella noche, el relator notó que el gato estaba dentro de la casa, y que él estaba sólo en el patio, a los minutos sintió que alguien lo miraba y volvió a observar y notar que eran más de dos ojos, parecían ser varios pares de ojos, de pequeño tamaño, con la actitud como si lo estuvieran observando.

Fueron varios minutos que aquellos ojos mantenían la mirada hacia el relator, quien pensó que era poco probable que un roedor actué de esa manera, el relator se levantó para curiosear si se trataba del reflejo de las lámparas, pero la luz estaba en la parte de arriba, y no había nada que pudiese reflejar la luz desde esa zona.

Comenzó a ponerse nervioso, porque sentía que lo continuaban mirando, sería alrededor de las 11 de la noche, y ya se estaba incomodando, ya no deseaba estar solo en ese lugar, hasta que llegó la dueña de la casa.

En ese instante, ante la inquietud del relator, por saber si ella también veía aquellos ojos que se movían unos centímetros a la derecha y otros a la izquierda de una manera muy inquieta, ella le respondió: "son los duendes de la casa", aparentemente para ella, era normal que aparecieran a partir de esa hora entre los arbustos del jardín.

El relator me informó, que era la última vez que se quedó a esa hora en casa de su amiga, o al menos, no en el jardín.


Duendes en la calle San Antonio


Hasta finales de la década de 1980, en la esquina de la calle San Antonio y San Marcos, existía una hermosa casa de dos pisos.

Debido al terremoto del año 1974, esta quedó en un estado calamitoso, por ello debió ser abandonada. Techos, puertas y ventanas fueron considerados un peligro mortal para quien lo habitase.

Durante muchos años yo caminé junto a esa casa, porque quedaba justo al frente del colegio donde estudié, y la recuerdo con hermosos adornos de las ventanas, las cornisas, sobre todo por las puertas talladas, pero todo ello estaba tan deteriorado, que era poco probable que pudiera ser recuperado.

Aquel predio, se encontraba en el listado del Patrimonio Monumental del distrito de Barranco, por ello no podía demolerse. Sin embargo hacia la década de 1980 fue demolida, y se edificó una nueva vivienda, manteniendo algunas de las características de la antigua residencia.

La historia que escribo, tiene varios protagonistas, el relator principal de este suceso y el amigo de este, que residía justo al frente de dicha casa, en un complejo de viviendas, con una sola puerta de ingreso.

Pero el amigo del relator, tenía ubicado su dormitorio en el segundo piso, y desde su ventana acostumbraba mirar a aquella antigua y deteriorada casa, y luego al nuevo  predio.

Una tarde, minutos antes del atardecer, cuando aún estaba de día, el amigo del relator, creyó ver a un par de seres pequeños, con apariencia humana, caminando por la vereda de aquella casa, de alrededor 15 centímetros de alto, muy delgados, con ropa muy colorida, pero no puedo apreciar los rostros, porque estaba lejos, ya estaba oscureciendo.

Otra tarde, volvió a ver, pero esta vez sólo a un ser, al cual le parecía divertirse hacerse notar a las personas que caminaban por la calle, quienes aparentemente lo veían, porque notaba que aquellas optaban por cruzar la calle de manera imprevista.

El relator, se enteró de estos sucesos, después de lo siguiente.

Una tarde de finales de la década de 1990, el relator venía caminando con el amigo que residía en la calle San Antonio y otro amigo más, desde la avenida Bolognesi, por la calle Santa Rosa, girando a la izquierda a hacia la calle San Antonio.

A pocos metros de acercarse a aquella casa, al relator le pareció ver que algo salía desde la pared de aquella casa, algo similar a un pequeño hombrecito, con un traje de colores, pero del cual no se podía observar el rostro, tenía algo parecido a un sombrero sobre la cabeza, y con una altura no mayor de 15 centímetros.

Los tres se sobre pararon, se miraron y sin decir palabra, continuaron detenidos en la vereda, cuando aquel pequeño ser empezó a moverse de manera graciosa, dando vueltas sobre si mismo, se colocó delante de ellos, hizo un gesto con sus brazos como despidiéndose, giro su cuerpo y se introdujo a la pared de aquella casa, desapareciendo.

Los tres amigos, se volvieron a mirar y decidieron cruzar la pista, manteniéndose parados en la puerta de la casa del amigo. Fue en ese momento, que el amigo le confesó al relator, que ya antes lo había visto, pero no sólo a uno, sino a varios, que esa actitud de hacerse notar no era la primera vez, pero si la primera vez que se lo hacía ante él.

Objetos que se mueven solos




En la Alameda Sáenz Peña, siempre ocurren extraños eventos, muchos de los cuales se mantienen entre las cuatro paredes de la casa donde ocurrieron, hasta que alguno de los testigos se atreve a comentarlo.

En este caso, el relator, acostumbraba visitar a una dama en una antigua casa de dos pisos, bastante deteriorada, considerada Patrimonio Monumental. Como los propietarios no tenían recursos para arreglarla, continuaban viviendo en ella, tratando de mantenerla lo mejor posible, para que sea habitable.

El relator, tenía una relación formal con una de las hijas del dueño de dicha casa, por ello sus visitas eran bastante asiduas.


Una tarde, después de regresar de trabajar, el relator solicitó permiso a la dueña de casa, para prepararse algo de comer, fue hacia la cocina para hacerlo, pero cuando decidió sentarse en la mesa del comedor, escuchó que una de las sillas del comedor se movió como si alguien hubiera estado sentado en ella, sin embargo no había nadie más que él en la cocina, pero como se encontraba cansado, pensó que sería algún pequeño temblor lo que movió la silla, y continuo comiendo.

Otro día, pero en el comedor principal, casi a la misma hora, el relator estaba comiendo con su novia, cuando escucharon un sonido similar a cuando se caen varios cubiertos, ambos se pararon y fueron hacia la cocina y descubrieron que efectivamente, algunos cubiertos estaban en el suelo, los levantaron y regresaron al comedor, para sorprenderse aún más, al descubrir que también todos los  cubiertos que estaban utilizando, yacían en el suelo.


La dama parecía que ya conocía algunos detalles extraños, dado que residía en esa casa por décadas, pero para el relator, todo eso era nuevo.

El tercer suceso, que marcó cierto temor hacia aquella casa, fue el ocurrido un día sábado, pero poco después de las 2 de la tarde, mientras ambos estaban almorzando, la empleada estaba barriendo las escaleras de la casa, cuando esta llegó al primer piso, la dueña de la casa le solicitó a la empleada si pudiera traerle un par de vasos, para servirse la gaseosa, ante ello la doméstica dejó la escoba arrimada a un lado, entre el comedor y la sala, apoyándola a la pared, pero visible a la vista del relator, y se dirigió hacia la cocina.

A los minutos regresó con los vasos y unas servilletas, los dejó sobre la mesa, y se acercó hacia la escoba, pero en ese momento, sonó el timbre del teléfono, y la empleada fue a responder.


Mientras el relator y la dueña de casa conversaban, escucharon el sonido del palo de madera de la escoba golpearse con la pared, ambos giraron la cabeza, pues pensaron que se había caído, cuando vieron que la escoba estaba sola, moviéndose como un péndulo hacia delante y regresar hacia la pared de una manera continua, haciendo un fuerte ruido contra la pared.

El relator se paró y se acercó a la escoba, pero al descubrir que ésta se encontraba prácticamente en un ángulo de 90° sin que nadie la estuviera tocando, optó por salir de la casa hacia la Alameda Sáenz Peña, pues pensaron que algo raro había sucedido o que había habido un terremoto.

Al notar que nada alrededor deslumbraba algún movimiento sísmico, varios minutos después, optaron por re ingresar a la casa, y descubrir que la escoba ya no estaba en el lugar donde la dejaron, y que habían recogido todos los enseres sobre la mesa, la cual estaba totalmente limpia, al parecer la empleada había retirado la vajilla.

Ambos buscaron a la empleada, pero resultaba que la habían mandado a comprar, a los pocos días el relator optó por realizar las visitas a su novia, pero sólo se mantenía en la sala, pero nunca tuvo la oportunidad de preguntar a la empleada "cómo fue que limpió todo tan rápido".

Pero si le preguntó a la dueña de casa, le que le confesó que siempre ocurrían cosas extrañas, pero que debido al tiempo en que residía ahí, y como nunca había sucedido nada malo, siempre lo pasaba como algo no natural.



Alameda Saénz Peña - Fotografía década 1930


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