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domingo, 15 de enero de 2017

Una mujer trastornada



Durante mi vida he conocido personas con distintas actitudes, algunas me saludan eventualmente, otras que luego de haber sido amigos por décadas eluden mi mirada, seres que hacen como que nunca me conocieron, o entes que me encuentran en la calle y creen que somos amigos de toda la vida.

Fue así que hace 8 años, estando sentada en el salón del club Social Miraflores, asistiendo a un Recital de Poesía, empecé a escuchar a mi lado izquierdo, la voz de una dama, quien no me dijo que se apellidaba Palma, quien no cesaba en decir que era poeta, que había publicado varios poemarios, y prácticamente me los colocó sobre mis piernas, insistiendo que los lea y que se los compre, yo varias veces hice el gesto de silencio, empleando mi dedo sobre mis labios, pero la tipa no se callaba,

En un instante inesperado, una mujer sentada delante de la señora Palma, se volteó y me dio un fuerte golpe en la rodilla, diciendo, con un alto tono de voz: “cállate”, cuando yo nunca había hablado.





Esa actitud agresiva me mortificó, la primitiva acción de esa mujer, denotaba su carácter, ya que nunca se solicita el silencio con un golpe.

Además, su actuar, demostraba ser una mujer agresiva y violenta, y lo peor, que lo hacia la persona equivocada, porque la que hablaba estaba sentada justo detrás de ella.

El mayor problema es que yo tengo una herida en esa rodilla, por un antiguo problema de un derrame del liquido sinovial, por efectos de mis antiguas practicas de básquet, por lo cual no puedo arrodillarme, sin sentir malestar; y aquel golpe inesperado, me causó un gran dolor.

Al culminar el evento, me acerqué a la violenta, para inquirir el por qué de ese comportamiento, cuando yo no estaba hablando, además que el silencio no se consigue con golpes, pero la neurótica, insistió en asegurar que era yo la que hablaba, con una voz intimidatoria, por lo cual me alejé.

Transcurrieron los meses, y volví a ver a aquella mujer, en una actividad sobre el Distrito de Barranco, cuando la expositora, invitó a participar con preguntas o inquietudes al público, yo empecé a hablar sobre los cambios en la fisonomía del distrito, refiriéndome a la destruida Laguna y el Centro Cívico, sugiriéndoles que quizá podríamos hacer algo para recuperarlos; justo en ese instante, la neurótica me interrumpió, insistiendo que ya me calle, que parecía un monólogo, y que yo no tenía la exclusividad de la palabra, ignorando que antes de mi participación habían hablando al menos otra media docena de personas.

Los asistentes de la sala, se mantuvieron en silencio, pero la anfitriona supo responder, argumentando que siendo yo una ciudadana barranquina, era normal que me preocupara de un tema que estaba mortificando a los vecinos desde hacía muchos años, por ello me invitó para que culmine con mi comentario.




Ese día descubrí que la neurótica dice ser nacida en la argentina, se llama Ana María, y se presenta como médico y poeta. 

Por los antecedentes, es difícil creer que sea médico o poeta, porque ellos son seres con una actitud muy serena y pasiva, diferentes a ese actuar, por lo que decidí mantenerme lejos de ella.

Sin embargo, las actividades poéticas me hicieron coincidir con la neurótica, en distintos escenarios, y hasta inclusive captarnos fotografías juntas, aunque yo hacía a lo imposible para evitarlo, los anfitriones tendían a colocarnos juntas, aunque en todas las oportunidades, yo no la miraba y menos saludaba, primero por su actitud agresiva, y luego porque nadie nunca nos había presentado.

Pensé, mientras esté lejos, mejor para mí, pero hace unos sábados sucedió algo totalmente incomprensible.

La Universidad de Piura, en su sede en Miraflores,  desarrolló un evento cultural, donde se realizarían diversas actividades sobre historia, idiomas, gastronomía, vintages, poesía, micro relatos, entre otros temas.

Me inscribí en las actividades de micro relatos y poesía, asignándome el horario de las 6 y 7 de la tarde respectivamente.

Ya en el salón de los micro relatos, me acerqué al moderador, para informarle que me habían asignado ese horario, y que para contar mis micro relatos, previamente debía informar a la audiencia sobre mis antecedentes.

Inicié mi presentación diciendo que desde hace 24 años administro el club de fans de Star Trek, con mi hermana Jacky, realizando actividades sobre Viaje a las Estrellas, Ciencia Ficción, Fantasía y Horror, y que en ese momento relataría tres historias sobre los Eventos Paranormales como efecto de la Batalla de Miraflores.

A los 30 segundos de iniciarlo, me percaté que la neurótica estaba entre la audiencia, la cual interrumpió mi presentación diciendo más o menos estas palabras: “que haces ahí parada”, “yo te conozco como poeta”, “tú no tienes nada que hacer ahí”, “yo sé que eres poeta no narradora”.

Yo traté de continuar con mi relato, pero la neurótica seguía hablando, “nadie entiende lo que dices”, y otras frases poco comprensibles, ante esa actitud, me dirigí al moderador, para preguntarle si esa señora iba continuar interrumpiéndome todo el tiempo, por ello le dije: "¡por favor modere!", ya que así no podía continuar.


Pero el moderador se quedó callado, parecía asustando, actitud que demostraba que no era la persona idónea para dirigir ese evento, mientras la mujer trastornada continuaba hablando en voz alta palabras que insistían en que me debía retirar, porque yo no tenía nada que hacer ahí, y frases por el estilo.

Ante la indiferencia del moderador, y la continua falta de respeto de esa mujer ignorante, decidí seguir relatando la historia,  que se inició en la década de 1950, en la zona cercana al Ovalo de la Av. Pardo, cuando un niño veía a un soldado con ropa del siglo XIX, parado cerca al jardín, y que 50 años después, el ahora adulto, continuaba viéndolo.

Empecé con el segundo relato, identificando que se trataba de un extraño suceso que ocurría en la esquina de la Av. Benavides y la calle Ramón Ribeyro en Miraflores, pero la neurótica, interrumpió con estas palabras: “¿Cuál es el título?”,  respondiéndole “Un haz de luz”.


Al culminar ese micro relato, continúe con el tercero, titulado “Una niña vestida de blanco”.

Al culminar mi participación, la intensidad de los aplausos fue muy distinta a la de los demás participantes, lo cual me alegró, pues fui la única de todos los participantes, que transmitió los micro relatos sin necesidad de leer, mirando a los rostros de cada uno de los asistentes.

Ello se debe a que antes de cualquier presentación, yo me aprendo de memoria aquello que voy a relatar, porque me parece una falta de respeto "esconder su rostro leyendo" en un cuento tan breve.

Al regresa a mi asiento, escuché con atención a los siguientes participantes, pero debí retirarme, pues pronto debía participar en la actividad de poesía.


¿Por qué de este artículo?

Escribo este artículo, como medida de seguridad ante la constante agresión de aquella mujer neurótica, considero que su actitud agresiva, grosera, déspota e ignorante, es un peligro para mi integridad.

No comprendo, por qué la neurótica insistía, que una persona que escribe y recita poemas, no puede ser también relatora de historias de ciencia ficción, cuando en el medio local, he ofrecido decenas de entrevistas a los medios de prensa nacionales e internacionales desde el año 1993, hablando sobre la ciencia ficción.

Obviamente esa mujer ignora que debido a nuestra persistencia (que incluye a mi hermana Jacky), se abrió el camino para la difusión de la literatura nacional de ciencia ficción. Gracias a la constancia y continuidad de nuestras actividades culturales y recreativas sobre este género de la literatura.

Espero que este articulo, aleje de mi vida a esa neurótica, ya una vez me golpeó, y otras dos veces me faltó el respeto, ojalá que pronto sea internada en un centro de rehabilitación para orates.





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