sábado, 28 de julio de 2012

Poesía o más de lo mismo

En el año 2007 empecé a dar a conocer mis obras poéticas de forma directa, hasta ese año, sólo un reducido grupo de mi círculo de familiares y amigos conocía mis deseos por trascender mediante la poesía.
 
Y fue así que empecé a frecuentar locales donde los bardos tienen la oportunidad de dar a conocer sus obras, el Centro Cultural Antares Artes y Letras fue el primer local donde empecé a recitar, en medio de otros vates, cuenta cuentos, performers y artistas plásticos.

En esas veladas descubrí, que a pesar de existir muchos centros culturales que ofrecían sus locales para la poesía, era limitado el público que asistía a esos eventos, generalmente sólo los poetas que deseaban ser escuchados.

Es así que decidí realizar Recitales Poéticos de 90 minutos de duración donde declamaría más de 24 de mis obras, para asegurarme que el interés por la poesía dependía del poeta y no de la actividad.

Mi primer recital lo ofrecí en febrero del 2008, en el Centro Cultural Capulí Vallejo y su tierra, observando que además de las personas que normalmente concurrían a dicho local, asistieron una decena de personas de mi entorno, ese fue el inicio.

Continúe participando en distintos recitales poéticos, donde descubría a maravillosos poetas que declamaban o leían sus versos y también obras de terceros, nacionales o extranjeros, ofreciendo en ese año 2008 en total seis presentaciones individuales, en distintos locales del distrito de Miraflores, donde me acompañaban entre 40 y 60 personas, uno que otro era poeta, pero la mayoría fueron seres que les agrada escucharme recitar.

Entre los años 2009 y 2012 he ofrecido más de veinte Recitales Individuales de Poesía, sumando nuevos centros a mi hoja de vida poética, en algunas de las cuales asistieron más de cien personas, como la maravillosa experiencia que viví en mi presentación en el ICPNA de Miraflores en el mes de febrero del 2009. 

El promedio de asistentes a mis recitales bordea los setenta admiradores.

Sería largo mencionar los locales en los cuales he participado con mis poemas, pero lo que rescato de esos recitales colectivos de poesía, es que el público asistente en su mayoría son otros poetas, que, repito, desean ser escuchados.

Poesía en locales musicales

Yo recuerdo que en los años 70 y 80, mientras residía en el distrito de Barranco, era frecuente que me invitaran a asistir a algún local de música criolla, a lo que normalmente yo desistía, primero porque no me agrada ese ritmo y en segundo término debido a que los científicos aseguran, que según la intensidad del volumen los seres se ven influenciados a beber, el ruido despierta la sed, y por ello mismo, el nivel de conversación prácticamente no existe.

Trasladando esta experiencia a la poesía, a lo largo de estos cinco años, he descubierto muchos locales, que inician actividades con el pretexto de promover el arte poético, pero al cabo de un breve tiempo, empiezan a dar cabida a los que cantan canciones de otros autores, a los cuales no se les está remunerando por sus Derechos de Autor, además esa interpretación de repeticiones nunca logrará crear nuevos valores en la poética.

Cabe anotar, que cualquiera que cree que canta requiere de al menos 5 minutos, mientras que el poeta, a lo mucho necesita de un minuto, la diferencia es notoria.

Eso no significa que estoy de acuerdo que se reciten o lean poemas ajenos a la inspiración de los que se presentan, ello también debería tener un pago para el autor de la poesía, ¿cuanto dinero tendría que cobrar el supuesto vate universal?, muchos repiten sus obras y ninguno de sus descendientes reciben ni un centavo, ello es menospreciar la calidad de quien se supone admiran, pero ese es un tema de regalías, del cual, por el momento no comentaré.

Lo que recomiendo, es convocar a los canta autores, para que difundan sus obras, ellos también son poetas, que transmiten sus sentir mediante el canto, normalmente acompañados de su guitarra, lo cual no motivara ruido estridente que destroce los tímpanos, ni tampoco pagos por Derechos de Autor.

Tal vez esos promotores de la poesía, descubrieron que poner de pretexto a la poesía para convocar público, sólo atrajo a poetas, pocos de los cuales tienen sus seguidores, pues a pesar de conocer a maravillosos vates, los cuales no nombraré, ignoro si realizan Recitales Poéticos Individuales, en los que durante 90 minutos ofrecen sólo sus obras al público.

En el mismo tema, a continuación deseo felicitar a los siguientes grupos y personas que a pesar de no tener prácticamente ningún auspiciador, realizan sus eventos poéticos con mucho éxito:

              Los Poetas del Asfalto
              El grupo Parasomnia
              La Papa Cósmica
              Los Viernes Literarios de Juan Benavente
              La Casa del Poeta Peruano
              La Feria de la Garrapata de Gianfranco Solis
              Palabra en Libertad de José Beltrán
              Tardes Literarias del Centro Cultural Chosica
              Centro Cultural Antares Artes y Letras
              Grupo Cultural Poetas y Violetas
              Programa Caras de la Cultura de Manuel López Rodríguez
              Capuli Vallejo y su tierra
              Villa de los Libertadores


domingo, 15 de julio de 2012

Poema Machu Picchu



Poema "Machu Picchu"

En el año 2011 aparentemente se cumplían 100 años del descubrimiento de la ciudadela de Machu Picchu, sin embargo para nuestros antepasados era su lugar de residencia.

Fueron esos pobladores los que construyeron la hermosa ciudad, por esa razón escribí el poema pensando en las características de las personas que la edificaron y habitaron.

El poema constaba de 20 estrofas pero debí reducirlo a 10 para poder relatar de manera concisa lo que deseaba expresar: “Mi agradecimiento a sus pobladores”.

Hasta ahora no comprendo porque la mayoría de obras relacionadas con Machu Picchu ignoran la acción de sus nativos, la mayoría evoca a seres extraterrestres, divinidades y eventos inexplicables como sus arquitectos, quizá aquellos no se sientan identificados con nuestra patria.

Los invito a leer y/o escuchar el poema.


“Machu Picchu”
Fátima Rodríguez Serra


miércoles, 4 de julio de 2012

Manifestantes pagados


Mientras estudiaba en la Universidad Ricardo Palma, a una cuadra del Ovalo de Miraflores (1974-1975), era repetitivo que un grupo de “estudiantes” se acercará a revelar descontentos que pocos entendíamos, y con ello a veces se suspendían las clases, malograban algunas carpetas, pintaban la pizarra con esmalte o tinta, y hasta se rompía uno que otro vidrio, como para llamar la atención.

Nosotros, los alumnos recién ingresados, ignorábamos quienes eran esos manifestantes, sin embargo no faltaba alguien de otras promociones que aseguraban que sólo un par habían sido estudiantes en alguna época pero que la mayoría eran de otras universidades o simplemente desconocidos.

Yo noté que dichos agitadores siempre interrumpían en los salones de los alumnos de los primeros ciclos, y les aseguro que algunos nos asustábamos, tendríamos entre 16 y 18 años, era el distrito de Miraflores, como para pensar que algo así pudiera suceder.

En el año 1976 nos trasladaron al campo universitario al final de la Av. Benavides en Surco, el transporte público quedaba a 14 solitarias cuadras o a una calle de una peligrosa carretera, lugar donde casi ningún vehículo quería detenerse pues era arriesgarse a un choque.

Esa misma incomodidad las tendrían “los manifestantes pagados”, pues, en mis tres años restantes en la universidad no vi a uno sólo de esos agitadores, ¿no querían caminar como sí lo hacíamos los estudiantes?, ¿no les pagaban pasaje extra?, no lo sé, lo que sí sé es que cuando uno necesita el ambiente en el que debe vivir, estudiar y hasta divertirse, nunca destrozaría algo del entorno.   

Quizá el mejor método de reclamar, además de hablar, es el silencio, si los que protestan tomaran la actitud de mantenerse callados, es decir, sentarse sobre el césped, la vereda, en el parque (siempre sin interrumpir el paso vehicular o peatonal), y con algunos carteles e información sobre el por qué de esa reacción, cuando se produce un desmán, no los culparían, debido a que ante su actitud pacífica nadie los podría hacer responsables de los que los “manifestantes pagados” hicieron.

Y mientras los voceros responden a la ciudadanía o a los medios de prensa, el resto puede pasarla leyendo, tejiendo, escuchando música con audífonos, escribiendo, todos en silencio, y los resultados de esa verdadera manifestación pacífica serían distintos.







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