domingo, 15 de octubre de 2006

Duendes en Barranco 2da parte





Los sacos que se mueven solos

En un segundo piso de una antigua residencia de la calle Melgar, ocurrió este extraño suceso.

Era un día primero de mayo, día feriado y cumpleaños del dueño de la casa.

Aprovechando el feriado, la familia se reunía a celebrarlo, y mientras los mayores cenaban, los niños jugaban a las escondidas, entre los distintos salones y habitaciones de la residencia.

Quien me lo relató tendría 12 años en el momento de los sucesos, a finales de la década de 1960, pero no lo olvida.

Sería alrededor de las 7 de la noche, y estaban divirtiéndose jugando a las escondidas, acomodándose detrás de los muebles, confortables o roperos.


En un momento, pensó en esconderse en un lugar más solitario, y pensó en el pasadizo que conducía a la escalera del tercer piso, donde se encontraban varios sacos grandes de color marrón, que estaban colocados en un corredor.

Se acercó a ellos, cuando detectó que uno de los sacos empezó a moverse, de primera instancia pensó que alguien ya se había escondido ahí, o que estaba durmiendo el gato de la casa, como la zona era oscura, decidió acercarse un poco más sin hacer ruido, hasta que volvió a ver que el saco se movía solo, cuando se dio cuenta que ahí no había nadie, se asustó y empezó a correr hacia la sala, donde estaban los miembros mayores de la familia, que lo notaron nervioso, pero a los cuales no relató nada.

A los minutos, los primos que vivían en la casa, llegaron, pues lo estaban buscando, y él les comentó que algo raro sucedía en el pasadizo que daba a la escalera para el tercer piso, el lugar donde estaban los sacos, pero los primos sólo se rieron.



Una dama de negro que camina con unos pequeños

En los jardines traseros de una antigua residencia ubicada en avenida San Martín construida alrededor de la década de 1920, había una gruta, con la escultura de una virgen, la cual, según los propietarios, debería mantenerse en ese lugar por siempre.

En la década de 1950, esa vivienda fue alquilada, colocando como clausula en el contrato que no deberían retirar la gruta, el predio se volvió a alquilar varias veces, y todos sus arrendatarios cumplieron dicha requisito.

Hacia finales de la década de 1970, los propietarios decidieron venderla, y fue uno de los hijos de los nuevos dueños quien me confesó este relato.

Ellos eran cinco hermanos por parte de padre, quien había quedado viudo, y se había vuelto a casar, de su nuevo matrimonio tenía tres hermanos pequeños, quienes acostumbraban jugar en los jardines y sobre todo en la gruta.

El nuevo dueño también había sido advertido sobre no remover dichas piedras, pero los niños, en sus juegos, estaban desgastados, porque hasta invitaban amiguitos, y hacían apuestas con la finalidad de quién llega primero a la cumbre de la gruta.

Fue así que hacia finales de la década de 1980, un día, cerca a la hora del atardecer, el relator creyó ver a una dama vestida de negro caminando por los jardines de la parte posterior, así como algunas personas pequeñas alrededor, pensó que podía ser su madrastra con sus niños, por eso no le dio importancia.



Fue otra tarde, cuando el chofer de la familia, se percató de la misma dama de negro, y se lo hizo saber al relator, quienes al mirar hacia el destino de la mujer, vieron que ingresaba a la gruta, siempre acompañada con unas pequeñas personas.

El relator decidió mantenerse callado, ya estaba seguro que no era su madrastra, ni sus hermanitos, esperando la hora del atardecer para ver si volvía a aparecer. Pero como las semanas y meses transcurrieron sin novedad, y se olvidó del asunto.

A finales de la década de 1990, la residencia nuevamente se vendió, y el nuevo propietario omitió lo de preservar la gruta, decidió retirarla del lugar, y mientras los operarios sacaban las piedras, encontraron el esqueleto de una mujer.

Ante esa sorpresa, llamaron a la policía, al fiscal y al anterior dueño, acercándose el relator, debido a que su padre estaba de viaje. Los expertos decidieron que como esos restos tendrían más de 100 años de enterrados, no había problemas con la justicia, informando que el cuerpo era de una dama joven, omitiendo las causas del deceso.

Transcurrieron los meses, y el relator decidió volver a aquella casa para preguntar sobre algún otro problema, en dicha residencia funcionaba una compañía de seguridad, la cual también resguardaba caudales. Durante el día, nadie deseaba conversar con el relator, pero los de turno de noche si entablaron una conversación, diciéndole que evitaban caminar cerca de donde estaba la gruta, porque continuaban viendo a la dama vestida de negro y a varias pequeñas personas caminando junto a ella o hasta a veces solos.

Desde hace unos meses, esa residencia es un local de comidas que funciona hasta las 3 de la madrugada, y el relator tuvo la curiosidad de saber si aún aquella dama se paseaba por la zona, ahora el patio trasero de la residencia, una noche fue a consumir algunos productos en el bar ubicado en la zona del jardín, y les preguntó a los que atienden el bar, si veían algo extraño hacia los jardines interiores, ante ello, llamaron a uno de los vigilantes nocturnos, quien le aseguró que minutos antes del amanecer, observa a la dama de negro, con sus acompañantes, caminando por la misma zona.



Duendes que se pasean y esconden las cosas

En una residencia cercana a la esquina de la Av. San Martín y la calle Martínez de Pinillos, parece que existen unos duendes que se pasean por todas las habitaciones.

La historia se remonta entre las décadas de 1960 y 1970, cuando una dama (la relatora), que fue profesora de un colegio de la zona, decidió arrendar la casa, hasta que descubrió la presencia de los duendes.

Ella y su familia se habían mudado a esta amplia residencia, pero su estadía no fue muy placentera, debido a que constantemente veía a unas criaturas diminutas caminar por toda la casa, lo cual asustaba a sus hijos.

Además, era constante el sonido del paso de las tablas de la escalera, pero con un sonido crujiente, distinto a cuando cualquier miembro de la familia subiera o bajara, pareció que hacían un ruido estridente, como para fastidiar.

La residencia tiene un semisótano, desde donde eran constantes otros extraños sonidos, de movimientos de muebles y hasta de susurros, pero no había nadie, sin embargo por la higuera en el jardín, sus residentes aceptaban esas extrañas presencias y sonidos.

Transcurrieron los años, y se habilitó una casa de hospedaje en esa residencia, la cual duró muy poco, uno de los trabajadores me relató que no se podía laborar durante la noche, le movían las cosas, las hojas y lapiceros aparecían pegajosos, y era constante el crujiente sonido de las escaleras, sin que subiera ni bajara alguien.

Hace un par de años, otra dama me relató lo siguiente, mientras reconstruían las instalaciones, para habilitar una segunda planta en cada uno de los niveles, los operarios acostumbraban laborar hasta las 8 de la noche, con la finalidad de culminar el trabajo en el tiempo establecido, sin embargo, decidieron dejar de trabajar después de las 6 de la tarde, porque era la hora en que aparecían los pequeños y horrorosos duendes, que los fastidiaban, les movían las herramientas, se interponían entre ellos, o se desaparecían.

La relatora, quien era la que supervisaba y responsable de esos arreglos, trató de disimular los hechos, insinuando que era el cansancio que los hacía observar ese tipo de cosas, hasta que ella misma los vio, se sintió horrorizada, pues eran unos seres deformes, de pequeño tamaño, que caminaban como arrastrándose (así me dijo), por ello desde ese día, permitió que los operarios laboraran sólo hasta las 6 pm.




Estatua ubicada en la casa García Rosell de la Avenida Grau - Distrito de Barranco
Estatua ubicada en la casa García Rosell de la Avenida Grau - Distrito de Barranco


Duendes en Barranco 1ra parte
https://fatimarodriguez.blogspot.pe/2006/09/duendes-en-barranco-1ra-parte.html

Duendes en Barranco 2da parte
https://fatimarodriguez.blogspot.pe/2006/10/duendes-en-barranco-2da-parte.html

Duendes en Barranco 3ra parte
https://fatimarodriguez.blogspot.pe/2006/11/duendes-en-barranco-3ra-parte.html




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sábado, 7 de octubre de 2006

Las obras de bien social

Siempre escucho sobre la necesidad de realizar obras de bien social al próximo necesitado, y fue así que en una época, acompañé a diversos grupos a casas de ancianos, locales de refugio de niños, comunidades marginales, entre otros.

Las actividades que se realizaban, eran repartir vestidos, útiles escolares, juguetes o algún tipo de alimento que justificara la visita.

Por alguna razón, creo que mi motivación poética, hizo que traspasara el centro del evento para reconocer la realidad, ahí descubrí que los visitados se dan cuenta que existe algún “mea culpa” entre los que sienten la necesidad de desarrollarla, además también advierten la diferencia entre uno y otro grupo, en lo siguiente:

  • Normalmente los visitantes asisten luciendo sus vestidos y calzados con marcas a la vista, porque aún huelen a nuevo, si son damas necesariamente exponen una fina cartera, un costoso celular y sus joyas, emanando el perfume de la peluquería, arribando en un vehículo del año, e inclusive con chofer. 
  • Los artículos que entregan son confeccionados con ínfima calidad, y los receptores lo saben porque es lo que adquieren por sus escasos recursos, o porque lo consideran suficiente para sus necesidades. Y como muchos laboran para empresas de confecciones, conocen que la materia de prima del atuendo de sus visitantes no guarda correspondencia con lo que obsequian.
  • Además de los gestos de compromiso que son elocuentes, porque así hayan vivido en algún momento de su vida en similares circunstancias o para ellos sea nuevo, definitivamente se nota que les molesta.

Esas visitas las realicé cuando bordeaba mis veinte años, el tiempo me hizo pensar que dichas organizaciones son un pretexto para divertirse, y nada mejor que una hermosa caricatura publicada en la revista Mafalda 5. Quino. Ediciones de la Flor, Talleres Talagraf, Buenos Aires, Marzo de 1971, en la cual una de sus protagonistas, Susanita, argumenta:

“A mi también me lastima el alma ver gente pobre, ¡créeme!

“Por eso cuando seamos señoras nos asociaremos a una fundación de ayuda al desvalido”

“¡Y organizaremos banquetes en los que habrá pollo y pavo y lechón y todo eso! … Así recaudaremos fondos”

“ …para poder comprar a los pobres harina y sémola y fideos y esas porquerías que comen ellos”


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