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lunes, 22 de junio de 2026

Pasaje Zepita XIX y XX


El Pasaje Zepita en el distrito de Barranco es una de la más antigua del balneario.

Ubicada a la altura de la primera cuadra de la av. Pedro de Osma, cruza la calle Ayacucho para llegar al acantilado que conecta al Puente de los Suspiros.


Ambos senderos siempre fueron pendientes, la primera con algunos grados de inclinación, y la segunda prácticamente de 90ª por formar parte del profundo acantilado de la actual Bajada de los Baños.

Acondicionada hacia finales del siglo XVII por ser una ruta para acceder al mar, toda la ladera de la calle Ayacucho tenía una pendiente amigable para el vecino barranquino.


Era una ruta muy sencilla para llegar a los acantilados de las actuales calles Sucre y Abregu, cuyo acantilado tiene una pendiente de 30ª, sencilla de transitar.

Sin embargo comenzó a tener importancia a raíz de la adecuación de la capilla de la Ermita hacia principios del siglo XIX.


Hasta principios del siglo XX, sólo se había construido un predio en la lateral de este sendero, sólo al lado izquierdo de la primera cuadra, habiendo ocupado un limitado sector hacia el extremo de la segunda cuadra.

En la década de 1920 ya se habían construido diversos predios en ambos lados del sendero, dos de los cuales permanecen a la fecha.


Después del terremoto de 1940, varias de las edificaciones de este sector de Barranco debieron ser demolidos, en especial la primera cuadra del lado izquierdo, espacio que actualmente ocupa el local de la Municipalidad de Barranco.

Posiblemente por las mismas razones, desapareció una zona del predio ubicado justo en la esquina con la calle Ayacucho, lo que actualmente es un extenso jardín.




Pasaje Zepita XXI

Pasaje Zepita XIX y XX

lunes, 15 de junio de 2026

El Silencio o la Venganza

El silencio es una estrategia para mantener la paz interior, que nos permita reflexionar y evitar la venganza.

Mantenerse en silencio es sinónimo de actuar con indiferencia, evitando tanto al sujeto causante del problema como al problema mismo.

Porque la venganza puede perpetuar un ciclo de abusos y discusiones interminables, que culmina sólo cuando uno de los participantes decide callar.

 

Es así que el silencio obliga a la otra persona a confrontar sus palabras y actos con él mismo, porque le será muy difícil ignorarlos fingiendo que nunca sucedió.

El silente tratará de continuar su vida como si nunca hubiera existido el problema, evitando responder o siquiera mencionarlo.

Y es que a veces se producen malentendidos o discordias provocadas por un acto u omisión, del cual nunca fuimos responsables, o que se originó sin darnos cuenta que podía suceder.
   

 Beneficios del silencio.

Optar por el silencio nos proporciona tranquilidad emocional, quizá no en el momento de la discordia, pero si en el futuro, lo cual nos permitirá de un mayor tiempo para otros pensamientos y actos.

Al iniciar nuestro silencio, estamos culminando la discusión o conflicto.

Impide la interacción de una manera pasiva, aunque podrían existir represalias, posiblemente no de una manera directa.

  
Disminuyen los comentarios sobre nuestro actuar, a pesar que el conflictivo ya ha construido alrededor de él algo similar a una pared de bondad, difícil de derribar.

También es oportuno para evitar dañar sentimientos ajenos.

Mantenerse en silencio en especial cuando no se conoce la historia completa.

Y principalmente, en el momento en que estamos viviendo algún conflicto emocional.


 El vengativo e intransigente. 

  • Tiene la autoestima muy elevada
  • Cree que siempre tiene la razón, es terco, solitario, desconfiado, arrogante y deseoso de no tener responsabilidades
  • Es narcisista, inflexible, indigente emocional.
  • Finge ser solidario y acostumbra hacerse la víctima.
  • Es egoísta y aunque puede inspirar confianza, le es difícil mantener una relación duradera.
  • Tiende a usar palabras hirientes.
  • Objeta los actos ajenos para responsabilizarlos ante situaciones penosas.

Por ello, la mejor respuesta es a veces “no responder”, lo que quizá mantenga en suspenso o sin comprender algunas diferencias no explicadas, relacionada con los comportamientos o a las palabras.

Es también una manera de ser empático, disminuyendo o eliminando las razones del conflicto.

Por eso, antes de responder algo comprometedor, cuente mentalmente hasta diez.


Fotografías Derechos Reservados


jueves, 4 de junio de 2026

Playa Redondo XX


Una de las playas miraflorinas más concurridas desde principios de la década de 1970 fue la playa Redondo.

Bautizada evocando a la playa Redondo ubicada en la ciudad costera del condado de Los Ángeles, California, por ser popular y cuyo público asistente eran jóvenes.


Los primeros visitantes de la playa Redondo solían realizarlo gracias al amigable sendero ubicado a la altura del actual parque Domodossola, que posiblemente se remonta al siglo XVI.

La pendiente parecía ser lo suficientemente segura como para descender con tranquilidad y disfrutar de aquel inmenso océano y también de los frutos del mar.


Esa zona de la ladera del malecón de la Reserva posiblemente fue la ruta del cauce de algún río, por la extensa cantidad de arbustos en el acantilado.

Sendero a la playa Redondo desde el parque Domodossola


Pero hasta principios del siglo XX prácticamente no existía la playa Redondo, aunque si las zonas fértiles donde los nativos miraflorinos solían pescar.

Fue recién en la década de 1920 que la zona empezó a ser frecuentada por los bañistas, considerando quizá los efectos del espigón colocado a la altura de la playa Miraflores, una amplia zona de la orilla se llenó de piedras, lo que facilitó un espacio para el disfrute del mar.


Las fotografías panorámicas de las décadas de 1940 y 1960 demuestran que el acantilado tenía una bajada en declive, con pocos grados de inclinación, por lo cual las personas debían descender haciendo zigzag entre la vegetación.

Hasta finales de la década de 1950, la orilla de la futura playa Redondo se mantenía igual, con un sector como de tres metros de ancho totalmente de piedras, entre una inmensa cantidad de arbustos y el agua.


El movimiento de las laderas, con explosivos en la década de 1960 y principios de los años 1970, para la ampliación de la zona vehicular, contribuyó a que aquella ruta por el acantilado se distorsionara, aunque de alguna manera algunos miraflorinos aún descendían por algunos sectores del acantilado.

Asimismo, el espigón colocado a mediados de la década de 1960 justo en el límite de los distritos de Barranco y Miraflores logró que se ampliara en algunos metros la zona de la orilla, aunque manteniendo su base de piedras.


Por ese mismo tiempo, se empezó a colocar tierra para construir un sendero afirmado para el paso vehicular, lo cual de alguna manera eliminó una gran parte de la zona de recreación.


Desde mediados de la década de 1970, y gracias a la importante cantidad de espigones colocados en estratégicos lugares de las playas miraflorinas, la zona de la playa Redondo empezó a arenarse, logrando un amplio espacio con arena, pero siempre manteniendo otros espacios, asentados con tierra, para el estacionamiento vehicular.


Las fotografías a partir de la década de 1970 demuestran que gran parte de la zona baja de los acantilados fueron retirados, con la ayuda de explosivos, para ampliar la zona vehicular, así como el área playera. La ladera deja de ser diagonal para ser predominantemente vertical.


La Playa Redondo empezaba entre el espigón conocido actualmente como Rosa Náutica, con el segundo espigón de la playa La Estrella, playa que limita con el distrito de Barranco.


La playa La Estrella, siempre tuvo muy poco espacio para los veraneantes, debido a estar ubicada justo en la zona donde el sendero natural de la Quebrada de Armendáriz gira hacia el lado izquierdo.


A principios de la década de 1990, casi toda la playa Redondo empezó a volver a ser una playa de piedras, la arena había desaparecido, y sólo quedaba una amplia franja de tierra para el estacionamiento vehicular, y una zona en pendiente hacia el mar.


La comuna miraflorina y la capitalina optaron por realizar inversiones en la zona, construyendo lozas deportivas, principalmente para la práctica del fulbito, así como la instalación de varios módulos de servicios higiénicos.


Hasta mediados de la década de 1990, por un sector del parque Salazar era posible descender a la playa Redondo, gracias a un complicado sistema de escaleras construido en la década de 1980, antes el descenso se efectuaba sobre la tierra y las piedras naturales de ese mismo sector, paso afirmado por los vecinos miraflorinos durante muchas décadas.


Entretanto el local comercial ubicado junto al espigón derecho, optó por considerar una amplia zona de la playa como parte de sus estacionamientos privados, reduciendo una importante extensión a esta playa.


Pero como ese lado del espigón es el sendero de uno de los manantiales de uno de los ríos (no sé si es el Huatica o el Surco), la zona del acantilado y de la playa empezó a embellecerse gracias a las plantas y arbustos, algunos colocados por la comuna.

En el contrato con la empresa Larco Mar figuraba que el sendero de escaleras se suponía debía mantenerse, incluso tendría bancas y faroles para embellecer el área, para que las personas pudieran llegar a las playas, pero diversos factores truncaron el proyecto, habiendo sido clausurado definitivamente hacia principios de la década del siglo XXI, e inclusive, tapiándolo a principios de la década de 2010.


El antiguo sendero de escaleras a la playa Redondo aún es visible desde el acantilado del parque Salazar.

Debido al proyecto de ampliar de cuatro a seis carriles las vías vehiculares del Circuito de Playas, una gran parte del área que correspondía a la playa Redondo desapareció, además por “separar” para el futuro hotel que construiría el complejo Larco Mar, el equivalente a más de diez metros de ancho, para el tránsito de los futuros huéspedes.


A principios de la década de 2010, se habilitó un área para acercar al mar a las personas con algún impedimento físico, colocando estacionamientos exclusivos así como veredas con barandas para ese fin.

Desde principios de la década de 2020 se está construyendo los cimientos para que sea base de un funicular que transportará a los visitantes desde el parque Domodossola hacia la playa Redondo.




Playa Redondo XX

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