La vida es como las estaciones del año, algunos días son similares al celeste cielo del verano, y otros grises como las tardes de invierno, pero a ambos hay que valorarlos, son extremos que vivimos nosotros y la naturaleza, en la misma cantidad de tiempo de nuestro existir.
Y así como en la primavera es la estación de las flores, el otoño es el tiempo de la vernalización, condición necesaria de frio y humedad para que las plantas puedan producir en el futuro la apertura de sus flores.
De igual manera todos vivimos tiempos en que debemos procurar las condiciones para lograr nuestros objetivos.
Siempre enamoran los atardeceres rojos, últimamente no son muy frecuentes en el cielo de Lima, sin embargo unos diminutos rayos se filtraron en esta hermosa fotografía entre las palmeras del parque Grau.
Igual se filtran las oportunidades.
Luego que el sol se oculta, el cielo se torna de variados colores naranjas, rojos, lilas y amarillos, todos muy desordenados pero igual de hermosos.
Igual de coloreada es la vida.
Para culminar el proceso del Atardecer un intenso color amarillo se colocó justo a la mitad del cielo.
¡Nunca te canses de admirar el atardecer!
Esos extraños rayos que aparecen en cualquier momento en medio de una fotografía, son iguales que las oportunidades .
¡De pronto aparecen!.
La soledad del viajero, forma parte de nuestra vida, así estemos rodeados de cientos de seres, siempre viajaremos solos.
Admirar el atardecer es una experiencia única, cuando la luz del sol empieza a reflejar hacia las paredes de mi hogar, significa que el ocaso será hermoso.
Esas señales también aparecen de forma disimulada cuando más las necesitas.
El atardecer llenó el cielo de colores, tonos amarillos, verdes, rosas, lilas y celestes colmaron el firmamento, y a lo lejos, hacia la parte inferior izquierdo de la fotografía, el ocaso del sol ilumina una pequeña franja visible del mar.
Igual son las oportunidades, siempre parecen pequeñas.
Casi a las 6 de la tarde, mientras el sol se escondía entre la Isla San Lorenzo, alrededor de él, se tornó de un brillante color rojo, contrastando con el aún celeste cielo, que invita a soñar.
Al atardecer, la Luna, en su fase Menguante, era visible en el cielo, aparentemente a poca distancia del Sol.La verá si dirige la mirada justo en la parte superior del farol encendido del primer plano.
¡A veces tan juntos y tan separados!
Admirar el atardecer permite interactuar con la naturaleza, la mágica experiencia de observar que el sol se oculta, cuando en realidad es el planeta Tierra quien se mueve, y nosotros dentro de ella.















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