jueves, 1 de octubre de 2015

Los huesos humanos y una pared de neblina



Habiendo nacido y vivido durante muchos años en el distrito de Barranco, debí aceptar que todo el día tendría de compañía a la humedad y quizá junto a ella: a la neblina, fenómeno meteorológico que consiste en la suspensión de muy pequeñas gotas de agua en la atmósfera,  visible para aquellos que vivimos en los balnearios costeros.

Esa visión es frecuente casi todos los meses del año, lo curioso es que ese efecto no se nota mientras estamos en la playa, quienes somos asiduos a la zona de la arena (o piedras) divisamos la neblina hacia la pista pero no junto al mar.



La neblina de la calle.

Desde pequeña me acostumbré a levantarme y salir de la casa muy temprano, casi con el alba, con los focos de la ciudad aún encendidos, para practicar algún deporte o para ir a estudiar, por ello conozco la neblina del amanecer, efecto que nubla la zona y no permite divisar a más de dos metros de distancia.



Una de esas experiencias la viví mientras esperaba el servicio público de transporte en el paradero de la Av. El Sol, del distrito de Barranco, para los que conocen el balneario, saben que la Av. Piérola queda a cuadra y media (150 metros de distancia), la neblina era tan densa que nadie podía ver si se acercaba el bus desde la Av. Piérola o de la Av. Grau, recién al cruzar la calle Fidelli, a unos 40 metros de distancia se podía ver las luces del bus, pero aún sin identificar el número del comité.


La vista al mar

Cuando empezaron a poblarse los balnearios era normal que se construyan hermosas residencias en los malecones, la mayoría de uno o dos niveles, adecuando la fachada en la avenida o calle, mientras que los jardines quedaban en la parte posterior, que daba al mar.



Hacia el año 1970 casi todos los constructores tenían la conciencia cívica de edificar de manera escalonada en las calles paralelas al océano, con la finalidad que todos los vecinos tengan la posibilidad de admirar la belleza que ofrece ese panorama, así como poder gozar de la brisa que lleva el viento. Aunque quizá esas constructoras también pensaban en que la humedad limeña podría impregnarse en los huesos.

Uno de los primeros edificios que ignoró que el mar es un bien público fue construido frente al parque Letonia en el distrito de Miraflores, en la década de 1970.

La pared de neblina y los huesos humanos


Después del amanecer, inclusive en los meses de verano, es preciso abrigarse cuando una sale a la calle, pues se siente la humedad del ambiente, sin embargo cuando estamos dentro del hogar, muchas veces descuidamos ese abrigo.

El efecto es distinto si vivimos en una casa frente al mar, si ese lugar tiene máximo tres pisos, es poco probable que se sienta la humedad y menos que ingrese la neblina, debido a que aún hay árboles de esa altura en los malecones costaneros, que de cierta manera protegen en algo a los residentes. Sin embargo para aquellas personas que moran en departamentos de mayor altura, no existe protección, y la neblina ingresará a sus viviendas, muebles, enseres y hasta a sus huesos, gracias al viento.

Lo lamentable para todos los demás vecinos es que esas murallas están bloqueando el paso de la brisa del mar, necesaria para la ventilación de los residentes instalados en terrenos ubicados a varias cuadras del malecón, aún más afectadas si residimos en zonas planas de la ciudad.


Deshumedecedores calentadores estufas

Al igual que los ventiladores usados para mitigar las altas temperaturas "no producen oxígeno", todos los otros artefactos eléctricos que ayudan a paliar los efectos de la humedad no lo absorben en su totalidad, principalmente porque no pueden permanecer encendidos durante muchas horas, y menos durante las horas en que las personas duermen.



El daño que produce en el organismo al respirar los gases que emiten dichas máquinas afecta a los pulmones, en especial a los niños, muchos de los cuales se despiertan llorando porque además del frio no pueden respirar.

La codicia también atraviesa los huesos

Las personas que decidieron construir, comprar y/o alquilar departamentos en los muros de cemento que circundan los malecones costaneros, edificados sobre terrenos en donde existía una sola vivienda rodeada de áreas verdes y árboles, son los responsables de sus problemas respiratorios, ya que en el extremo, la mayoría ni siquiera destinó algunos metros del retiro para colocar plantas, ni habilitaron en los balcones o ventanas maceteros para hacerlo.



Menos brisa y menos oxido

Yo que resido a dos metros del malecón costanero, veo una parte positiva de estos muros de cemento, pues observo que los ciclos de mantenimiento de las rejas de mi hogar, se extienden , las puertas y ventanas de fierro ya no se deterioran tan seguido y, los rastros de óxido han disminuido gracias a que cada día llega menos humedad.

También he comprobado que ya no se forman los extensos mantos blancos de humedad sobre mis muebles de madera, hasta la ropa ya no la siento tan fría. Posiblemente alguien está absorbiendo aquellas gotas de agua.


3 comentarios:

  1. Un poco exagerado, ahora hay mil maneras de evitar que la neblina ingresa a la casa, supongo que los que vive frente al mar sabrán tomar sus precauciones.
    George

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  2. Hace tiempo que los edificios han anulado todo el panorama de la ciudad, es una pena, porque antes desde mi casa podía ver el mar.

    ResponderEliminar

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